Desde que perdió a su marido hace cosa de
siete años, Raquel, cada día al regresar del trabajo, siempre repite la misma
parafernalia.
Ll ama a su vecina, ella la acompaña hasta su
casa, cogen un palo y lo deslizan por debajo de la cama de Raquel, una y
otra vez, para cerciorarse de que allí no hay nadie. Hasta que no
llevan a cabo ese procedimiento, Raquel no se queda tranquila en su casa.
Desde pequeña, Nuria de cinco años, observa como su madre, pacientemente,
complace a su vecina. Un buen día, mientras contempla el cotidiano ritual
dice… -¿Y si le cortáis las patas a la cama?
Margary Gamboa.
