EL VUELO DEL COLIBRÍ_ RELATOS

viernes, 5 de marzo de 2010

ESPÍRITU ERRANTE


Ana, una simpática niña risueña y pizpireta, era la alegría de la casa, tanto de la suya, como de la vecina, de al lado. Le encantaba visitarla. Marina, la vecina en cuestión, vivía sola, pero pasaba largos ratos con la pequeña. Vivían en un pueblo del sur, un sitio acogedor y tranquilo.


Por aquel entonces Ana tenía solo, tres años de edad. Era preciosa, sus cachetitos sonrosados invitaban a darles un mordisquito cariñoso, y dos luceros como el mar, adornaban su angelical carita.

A Marina, le encantaba que la chiquilla le hiciera compañía, la pequeña se llevaba todo el día revoloteando de casa en casa como una mariposa.

Un domingo por la tarde Marina recibió la visita de su amiga Elena.
Estando las dos prestándole atención a la pequeña Ana. A Elena, se le ocurrió poner en práctica algo de lo que siempre estaba hablando.

El tema, la hipnosis, algo que les apasionaba inmensamente.

Elena, aprovechando el momento, decidió ir un poco más allá que de costumbre y le propuso un a su amiga  un juego. 

Marina se negó en rotundo, pero conocía muy bien a su amiga, sabía que esta no quedaría satisfecha con la negativa y que terminaría accediendo a sus pretensiones. Así que no demoró más la situación y accedió a participar en el juego.

Elena, alzó a la pequeña en su regazo, sacó del bolso un medallón con una cadena y la comenzó a balancearlo ante sus ojos .

Marina, no dejaba de interrumpir, le imploraba cautela, nunca habían intentado hipnotizar a nadie y le daba mucho miedo lo desconocido.

-Ssss, calla, calla, no interrumpas-le susurraba Elena.

Viendo que no ocurría nada, Marina respiraba con tranquilidad y comenzó a participar mas conforme en el experimento.

Elena, insistía con el balanceo del medallón. De repente, los ojos de Ana le dieron un vuelco y se le tornaron blanco.
Las dos asombradas, no sabían muy bien como reaccionar ante aquello, pero la curiosidad les dominaba y siguieron adelante con la investigación..

Con voz suave Elena le preguntó a la pequeña.
-¿Como te llamas?
Ana, con una voz de niña mayor, contestó de inmediato .
–Me llamo Carmen. La media legua que aún conservaba a sus tres años desapareció ipso-facto.

Las dos amigas, sorprendidas y asustadas, volvieron a preguntarle:

-¿Cuantos años tienes?-Siete años­- Respondió la niña.

Estaban atónitas, era la primera vez que vivían algo tan desconcertante. Se miraron sin decir nada y siguieron preguntado.

-¿Y que te ha pasado?

-Me atropelló un carro en Santa Cristina.
-¿Un carro, cuando?

La niña que a duras penas podía contar del uno al cinco, respondió con firmeza en 1828

Desconcertadas, se lanzaron una mirada aterradora , pero aún con el miedo en el cuerpo, siguieron con la indagación.

-¿Y donde estás ahora?

-Vivo en la calle Don Felipe, en la tumba numero veinte.

No pudieron reaccionar cuando a lo lejos escucharon la voz de la madre de Ana que la reclamaba.
-¡Date prisa, date prisa, regrésala, regrésala!
-¡Ana, Ana! La llamaban, dándole cachetitos en sus sonrosados cachetes, pero la niña no respondía.
-¡Ana, Ana!- la voz de la madre se escuchaba cada vez más cerca.
En el intervalo de unos pocos segundos entró en casa de su vecina y encontró a su pequeña descompuesta llorando desconsolada.

No supieron como justificar aquello. La madre al ver la expresión en sus rostros intuyó que nada bueno había ocurrido allí, y preguntó con signo de preocupación y disgusto.

-¿Que le habéis hecho a mi niña?

No hubo respuesta, se dirigieron una mirada cómplice y bajaron la mirada.
La niña, poco a poco iba recurando el aliento mientras lloraba a grito pelado.
Su madre,  bastante enfadada, tomó a su pequeña en sus brazos y la sacó a toda prisa de aquella casa, gritando -¿Que le habéis hecho a mi niña, que le habéis hecho? ¡Mal nacidas! ¿Que le habéis hecho a mi pequeña?

Sobrecogida por aquel acontecimiento, durante unos minutos el mutismo reinó en aquella sala. 
Elena salió de la casa avergonzada, sin ni siquiera despedirse de su amiga.
Lo que ocurrió allí, no era fácil de digerir y comenzaron a obcecarse con el tema.
Transcurrieron varios días sin recibir noticias la una de la otra, pero aquello que ocurrió no se les borraba de la mente.

Al cabo de varios días, decidieron volver a verses.
Tenían la misma idea en sus cabezas, visitar el campo santo en busca de respuestas.


Fueron a la dirección exacta donde había dicho Carmen que descansaba y efectivamente estaba allí. La dirección, la fecha de nacimiento y de la muerte. Carmen Izquierdo Pedroso 1821-1828 todo coincidía.


F
Las dos amigas se quedaron impactadas ante aquella espeluznante revelación, y allí mismos, ante la tumba de la pequeña Carmen, juraron no volver a jugar más, a aquel espeluznante "juego".


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Margary Gamboa

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LIBRO DE VISITAS

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