EL VUELO DEL COLIBRÍ_ RELATOS

domingo, 21 de agosto de 2016

EL MILAGRO DE LA VIDA


PARTE-I

La ilusión es la esperanza, incluso el anhelo de aquello que de verdad se desea.  Y he de confesar, que la maternidad siempre fue la mayor de las ilusiones. Tan importante era para mí, que habia llegado a un punto en mi vida, que todo giraba en torno a ese poderoso deseo.

Durante años pasé por consecutivas series de embarazos, pero nunca llegaban a su fin, al tercer mes, todos fracasaban. Fueron etapas física y mentalmente agotadoras. Los episodios depresivos me hundían en un hondo pozo, de donde se me hacía casi imposible salir.

Cierto día, hablando del tema con una buena amiga, su argumento me abrió un abanico de esperanzas. Me comentó algo que excedían todos los límites de la sensatez. Quizás fuese por la desesperación, el caso es que pese a mi recelo, me propuse intentarlo.

Decidí ir a husmear en ese mundo tan desconocido, como fascinante para mí. Fui hasta allí sola, en secreto. Como si algo ilegal estuviera haciendo. Tomé el tren hasta una ciudad próxima, luego, el metro me llevó a las afueras y anduve unas cuantas manzanas hasta llegar a la dirección exacta.

A la altura de media calle, un rótulo desteñido señalaba lo que andaba buscando.
Me detuve ante la puerta unos segundos, casi indecisa, la verdad es que me preguntaba a mi misma... !!!Que hacía yo allí…Dónde estaba la sensatez que tanto me caracterizaba!!!
Pero estaba decidida, con una mezcla de ilusión e impaciencia que me nublaba la razón. Había ido en busca de algo que jamás había considerado, pero que en ese momento, aunque lo creyese absurdo, podría ser mi única esperanza.

Entré sin llamar porque la puerta estaba entreabierta. Anduve por un largo y oscuro pasillo. Llegue hasta una escalera muy empinada que bajaba hacía un sótano. Unas cuantas velas colocadas en los laterales de cada peldaño, alumbraban el ambiente. La intriga me angustiaba. 
Conforme bajaba, aquel lugar se iba transformando en un espacio cada vez más enigmático. Al llegar al último escalón, me detuve un instante. Lo observé todo. La iluminación era tenue. Desprendía una mezcla de agradables aromas. Incienso, canela, naranja… 
De detrás de las estanterías, se escuchó una tímida voz que me preguntó si deseaba algo. Aguardé unos segundos en completo silencio, hasta que se acercó hacia mí, un extraño personaje.

Me sorprendió su atuendo, su extraña apariencia daba honor a su nombre al cual hizo referencia al instante.

-Soy Merlín ¿en que puedo ayudarle?

Iba vestido con una túnica azul y un enorme gorro adorando con estrellas. Tenía una larga barba blanca y un generoso bigote. Realmente aquel personaje parecía  sacado de un cuento.

Me resultó simpático y me produjo una sonrisa que intenté disimular. Enseguida empezó a ofrecerme multitud de remedios, para la tos, el reuma, la alergia, el insomnio, amén de toda clase de males, pero nada parecido a lo yo andaba buscando.

La primera sensación que tuve, fue que había cometido un error yendo hasta allí, que aquel pintoresco personaje nunca podría ayudarme. Pero al fin y al cabo, ya que habia ido... ¡Que podía perder con intentarlo!
Le abrí mi corazón, fui exponiendo todas mis inquietudes. Le conté... Mi gran deseo de ser madre, que sentía que el tiempo se me agotaba, que el reloj biológico ya casi estaba en mi contra. Mientras me escuchaba con atención, acariciar su larga barba blanca.

- Será algo complicado- me dijo: pero tengo lo que necesita.

Se dirigió hacia el interior de aquel oscuro habitáculo y se introdujo en una especie de recámara, mientras, yo esperaba impaciente… Después de largo rato, salió con un libro entre sus manos. Las extendió, ofreciéndome aquel grueso tomo, envejecido por el tiempo.
Sus palabras sonaban con mucha solemnidad.

-Tenga Sra. custodie bien este ejemplar, es el único que existe en todo el mundo, en él encontrará lo que ha venido a buscar...
 Y depositó aquél volumen con sumo cuidado sobre las palmas de mis manos.

Con curiosidad abrí aquel tomo para ver el contenido, sin ninguna pagipá en concreto, pero un soplo de aire trémulo, arrastró varias páginas hacía delante, y se detuvieron ipso facto. 
Merlín, señaló con su dedo índice, el párrafo que indicaba con todo detalle, los preámbulos a seguir...
Las palabras allí escritas me parecieron estrambóticas, pero me aseguró que aquel libro, realmente poderoso, era el único que me permitirá abrir pasó a una nueva vida.

Aquellas palabras me sonaron a música celestial. La verdad era que necesitaba creer en ellas. Lo tomé ilusionada e infinitamente agradecida, me despedí de él.

Una especie de inquietud, con mezcla de euforia, recorría todo mi cuerpo. El pensamiento de mi propósito hecho realidad, me superaba. 

Mientras subía las escaleras, las velas se iban apagando. Eché una mirada hacia atrás y todo se había envuelto en una oscuridad absoluta.

Apresuré el paso un tanto alarmada. El portón estaba abierto como esperando mi salida. Al cruzarlo, escuché tras de mi, como el portón se cerraba.  Sorprendida, volví la vista hacia atrás, pero aquella enorme puerta, ya no estaba allí. En su lugar había un gran muñeco de cartón con el aspecto del Mago Merlín, que anunciaba infusiones para todos los males.

Desconcertada, apresuré el paso callejón a bajo. Una mezcla entre entusiasmo y culpabilidad, con la alegría del logro de mi deseo, me nublaba la mente. Las piernas me temblaban, ya me parecía acariciar mi deseo, con la punta de mís dedos.




 PARTE II- El desenlace.

En la primera luna del mes, puse en práctica todo aquel ritual, bajo la luna llena, solo ella y la noche, fueron testigos de aquello, ahora, solo cabía, esperar…

Transcurrió algún tiempo sin que hubiese señal de que nada hubiese cambiado. Mi deseo persistía, pero sin resultado.
Pero me negaba a asumir que nunca llegaría a lograrlo. Hasta que un buen día, las esperanzas volvieron a renacer.

La noticia de un nuevo embarazo fue todo un acontecimiento, aunque la sombra del desastre pendía desde el techo de la incertidumbre, como una espada  puntiaguda.

Los meses seguían avanzando y la preñez seguía adelante. Traspasé el ecuador del tercer mes y raramente, la gestación siguió su curso...

Cumplí todos los meses de embarazo. Ya todo estaba dispuesto, y la espera se hacía interminable.
Habían pasado seis días de la fecha señalada y aún no sentía ni un solo síntoma del parto. Era algo inexplicable, pero el caso es que, pese a lo cercano del alumbramiento, yo estaba mas serena que nunca. 

Cierta noche, al acostarme, me sentí algo incómoda. Sobre las cuatro de la mañana, un  pinchazo en el bajo vientre me despertó. Sentía unas ganas irresistibles de ir al baño. Al ponerme en pie, sentí como un líquido tibio me resbalaba por las piernas y supe que había llegado la hora. Sin alarmismos llamé a mí esposo.

-Samuel, despierta, creo que ya viene

Sobresaltado dio un brinco de la cama.

-¿Qué? ¿Como? ¿Ya? -preguntaba nervioso, mientras se ponía los pantalones y me decía- Vale cariño, tu tranquila, respira, respira, fffff, fffff, fffff.

Me senté a esperar a que se vistiese.
Y en esos momentos tan cruciales, me apetecía más que nunca, un gran trozo de tarta de fresas; de esas que me preparaba mi madre cuando era pequeña y me  ponía enferma. Esas tartas, tan exquisitas, parecían estar encantadas, apartando de mí, todos los males.

En pocos minutos estaba todo listo y sin demora, nos dirigimos a la clínica. Cogimos el ascensor; nuestra vivienda estaba situada el octavo piso. Durante el descenso, al paso entre el sexto y el quinto, el ascensor detuvo su marcha.

Sin mediar palabra nos lanzamos una mirada aterradora.

-¿Qué ocurre cariño?-Le pregunté a Samuel.

-No es nada, no te preocupes- Respondió, mientras pulsaba con insistencia el botón de la alarma; pero a esas horas de la noche los vecinos dormían y nadie escuchaba nada.

Insistíamos con la alarma, viendo que no había respuesta, los nervios se apoderaban de nosotros. Sollozando, supliqué a voces..

-!!!!Sácame de aquí por favor, sácame de aquí. Condenado chisme. Se le ocurre averiarse en este mismo instante!!!!.

Samuel intentaba tranquilizarme, pulsaba sin tregua todos los botones del ascensor.
Mis suplicas eran verdaderamente angustiosas. Pero nadie nos auxiliaba.

La evolución del acontecimiento seguía su curso y las contracciones eran rítmicas y cada vez  más frecuentes.
Seguimos insistiendo una y otra vez, golpeando la puerta con fuerzas, gritamos durante... no sé cuento tiempo, pero nadie dabas señales de vida.

Con la agitación de las circunstancias y las contracciones, me sentía cada vez más cansada, en un momento de desesperación me recosté en el suelo del ascensor. La dilatación fue rapidísima. Con unas ganas extremas de empujar, el proceso del alumbramiento se desató.

Samuel, sin saber muy bien que hacer, me repetía-Cariño respira, ffff, fffff...
Sin experiencia alguna, saqué mi instinto más primitivo a flote. 

La cabeza del bebé se coronó en pocos momentos. La conmoción fue tan grandiosa. Una mezcla de pánico y desesperación unida a la ilusión de la llegada de ese hijo tan deseado, inundaba nuestros corazones.

Fue un parto rápido. En unos minutos el bebé estaba entre mi pecho y las manos de Samuel.
Lágrimas de alegría corrían por mis mejillas. Samuel ató el cordón umbilical con la cinta de mi pelo.
Una nueva vida, un precioso bebé que había nacido de mí. Que emoción más gratificante. Aquellos ojos negros llenos de vida, clavados en mi rostro, parecían reconocerme. Acababa de nacer y un fuerte vínculo se había creado entre nosotros.
Una dura experiencia para los tres, sobre mi cuerpo tenía, un regalo divino, lo que siempre había soñado. No supe muy bien como lo logré, si había sido aquel extraño libro o si el mismo Dios, se había apiadado de mí.

Autora-Margary Gamboa.

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