EL VUELO DEL COLIBRÍ_ RELATOS

domingo, 18 de septiembre de 2011

POMPAS DE JABÓN



Todo comenzó en la primera luna del mes de octubre, hace cosa de unos años y desde entonces cada otoño se repite la misma historia...


Me fui a dormir como cada noche, no mas cansada que de costumbre. Me acurruqué con mi edredón y en pocos minutos ya había traspasado el umbral del sueño. En él, me sentía plena y satisfecha, echada sobre una manta de pelo suave en medio del campo. Los árboles con sus ramas desnudas me observaban. Había un arco iris que reflejaba todos los colores y una brisa tan suave, que apenas rozaba las flores. Allí me encontraba yo, sobre aquella suave manta, aspirando trazos de aromas y haciendo pompas de jabón. Las pompas se elevaban suavemente y al llegar al arco iris se rompían. Al explotar las burbujas se convertían en destellos que descendían lentamente. Un sueño verdaderamente encantador…
Pero al despertar, aquel sueño se marchaba dejando paso a mi vida real y lo que al principio me parecía felicidad, había dejado retazos de oscuros presagios.
Salí a trabajar como cualquier otro día. Fui hasta la parada del metro y me detuve en el andén hasta que llegara el convoy.  A mí alrededor, mucha gente, la normal de la hora punta. Y justo a mi lado, había un anciano con un bastón, esperando el metro. Se veía frágil y desvalido.

Con disimulo, me acerqué un poco más a él, le di un pequeño toque en su espalda y en cuestión de segundos, el anciano caía al andén justo cuando pasaba el tren. Sentí el golpe seco del cuerpo del anciano sobre los raíles y al pasarle el tren por encima sentí como se me erizaba la piel de satisfacción. Nadie pudo ver mi sonrisa socarrona y mucho menos nadie pudo apreciar el placer que experimenté con lo ocurrido.

Aquel deseo de mal pasó por mí y se esfumó como las pompas de jabón. Durante todo el año, no volví a soñar con pompas de jabón. Tampoco sentí ni un poco de remordimiento por aquello que pasó en el metro.

El pasado año ya ni me acordaba, ni del sueño, ni de aquello que ocurrió en el andén. Pero en la primera luna del mes de Octubre, el sueño se volvió a repetir. Volví a verme en medio del campo, mientras los árboles con sus ramas desnudas me observaban. Y sobre mi cabeza, el arco iris que reflejaba todos los colores. Y allí seguía estando yo, reposando sobre aquella manta suave  y lanzando miles de pompas de jabón que parecían rozar las nubes. Aquella brisa tan suave y delicada que apenas acariciaba las flores y al igual que en el anterior sueño, con todo aquello me sentía sumamente complacida.

A la mañana siguiente volví a experimentar la misma sensación, aquellas satisfacciones vividas en el sueño, me había vuelto a dejar fragmentos sombríos.

Esa mañana se me pasó por la cabeza no salir de casa, como si la sensatez me iluminara la razón y yo misma pudiese controlar mi rumbo.
Salí de nuevo, como siempre, camino a mi trabajo, sintiendo el deseo del mal dentro de mí. Cualquier persona que veía por la calle, me motivaba para cumplir la ejecución.

Un chico joven se fijó en mí y me lanzó un piropo. Yo, le guiñe un ojo con malicia y me dirigí hacia un callejón sin salida. El joven, alentado por una esperanza, siguió mis pasos.

Lo último que vio fue la imagen de mi maliciosa sonrisa.

Salí de aquel callejón sin que nadie me observara y encaminé mis pasos hacia el trabajo, sintiéndome plenamente satisfecha.
Aquel deseo de mal volvió a transitar por mí, pero se desvaneció fugazmente, fue tan efímero, como una burbuja de jabón.
No le he buscado una explicación lógica, por que sé, que difícilmente la hallaría. Lo que me ocurre a mí, no creo que les ocurra a muchas personas, pero esto es lo que me produce soñar con pompas de jabón. 

Durante todo el año no he sentido ni una pizca de remordimiento por aquello que ocurrió, ni en el metro, ni en el callejón. Tampoco he vuelto a soñar con pompas de jabón, pero faltan pocos días para la primera luna de octubre. No se si se volverá a repetir el sueño, ni si mi voluntad volverá a caer en las garras de mal, solo se que soñar con pompas de jabón para mí, tiene fatales consecuencias.


Margary Gamboa.



3 comentarios:

  1. Yo le diría a la protagonista de ésta historia que durante esa luna de octubre debería cambiar sus hábitos: dormir de día y hacer vida laboral por la noche a ver si así no le vienen tan pésimos deseos para que alguien no pudiera ser blanco (digo negro) de sus pérfidas inclinaciones.
    Bien trabajado, buena prosa.
    Saludos cordiales.
    J.Teodoro

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  2. Yo le diría a la protagonista de ésta historia que durante esa luna de octubre debería cambiar sus hábitos: dormir de día y hacer vida laboral por la noche a ver si así no le vienen tan pésimos deseos para que alguien no pudiera ser blanco (digo negro) de sus pérfidas inclinaciones.
    Bien trabajado, buena prosa.
    Saludos cordiales.
    J.Teodoro

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  3. Supongo que sería una buena idea eso de cambiar de hábitos, pero se duerma de día o de noche, si aparecen las pompas de jabón en el sueño, la cuestión está servida.
    Es curioso Teodoro, pero me han llegado a preguntar si esto me ha ocurrido de verdad ¿te imaginas que así fueras? La verdad es que nunca lo sabría nadie, jejejejej

    Gracias por pasarte por mi trocito virtual y dejar tu huella de nuevo.
    Saludos cordiales.

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