EL VUELO DEL COLIBRÍ_ RELATOS

viernes, 29 de enero de 2010

FABRICA DE SUEÑOS



Llegó al mundo el séptimo día del séptimo mes y con él llego también, la mala suerte. Desde muy pequeño, las enfermedades se cebaron con él. La viruela, la escarlatina, el sarampión, la tos-ferina y un sin fin de males virulentos que desde muy temprana edad, propició a su persona, un aspecto débil y enfermizo.

También en la escuela, la mala fortuna le seguía persiguiendo. Fue cosechando un sin fin de eliminaciones y por lo tanto, castigos casi a diario. Pasando por el instituto y hasta llegar al terreno laboral la soledad fue su noble aliada. Tenía una rara habilidad para originar antipatía entres sus compañeros. Su aspecto esmirriado y su acentuada tartamudez; debido a su falta de seguridad, hicieron mella en  él.

En el trabajo, la mayoría de compañeros sobrepasaban con creces los objetivos obligatorios. Solían hacer  porcentajes muy altos de seguros, pero él, a duras penas lograba llegar al objetivo.

Vivió con su infortunio hasta que un buen día llegó a una clara conclusión; que tal mal augurio no era solo obra de la calamidad, si no que aquello que le ocurría era culpa del condenado sueño. No recordaba ni un solo sueño agradable, porque durante toda su vida, jamás bahía disfrutado de un sueño placentero. Cada vez que se disponía a descansar, los sueños se convertían en verdaderas pesadilla, lo cual le producía una terrible angustia.

Su trabajo le obligaba a deambular a diario por todos los barrios de la ciudad. Se recorría las calles en busca de algún cliente despistado que se dejase convencer para poder hacerle una triste póliza. Se sabía de memoria la ciudad casi en su totalidad. Pero cierto día, al pasar por una determinada calle, se extrañó de no haberla visto antes. Había pasado por aquel lugar centenares de veces y jamás había visto aquel extraño callejón.

Comenzó a deambular por él. Le llamó la atención una puerta pintada de azul, con un gran letrero que decía. “Fábrica de sueños”. Se detuvo ante ella unos segundos, y sin pensárselo, abrió la puerta. Con curiosidad comenzó a caminar por un largo túnel. Todo el entorno permanecía en penumbra. Al final del pasadizo, se distinguía con cierta dificultad una entrada hacia otra estancia.

Anduvo un poco despistado, sin encontrar a nadie a quien preguntar, hasta que encontró un rótulo que decía. “Sus sueños por una moneda”. Allí, solo había una especie de cabina similar a la los rayos uvas, pero forrada con acorchados edredones, que invitaban al descanso. Se veía tan confortable. Se acomodó dentro de ella y al tumbarse le apareció a su derecha una pantalla táctil que decía “Sueños a la carta”.

Echó una moneda en la correspondiente apertura y comenzaron a aparecer en la pantalla, infinidad de sueños. Sueños felices, sueños de terror, sueños de concupiscencias, sueños románticos, y así una interminable lista.
La curiosidad ocupaba su mente por instantes, no terminó de leer la lista, lo tenía más que claro. Solo deseaba un poco de bienestar, así que la elección no tenía lugar a dudas y eligió "Sueños felices"

No habría pasado ni un minuto, cuando su mente ya había volado hacia otra dimensión, hacía la completa felicidad donde jamás había permanecido ni un solo instante. Repentinamente se encontraba en una paradisíaca playa de arena blanca y aguas cristalina y arropado por el amor de su propia familia. Mientras él, orgulloso, contemplaba su nuevo destino.

Se sentía afortunado, una extraña sensación inusual en él. A la mañana siguiente, en la oficina, todos le saludaban con simpatía. Su nuevo puesto,  jefe del departamento de venta. Todo lo que había deseado siempre, estaba en aquella cabina. Pero la moneda llegó a su fin y la carlinga se abrió dejando al desnudo su triste mundo.

Volvió a su realidad, pero al disfrutar de aquella benévola experiencia su vida  seguía aún más indeseable. Desde entonces solo pensaba el aquel lugar, ávido en cada momento de echar otra moneda para volver a esos maravillosos momentos felices.
Volvió una y otra vez al mismo lugar, al mismo sueño y cada vez que lo comenzaba, seguía la misma vida feliz y dichosa con la misma familia pero con distintas situaciones. Hizo de aquella cámara su lugar de descanso habitual, pero tanto visitó aquel insólito lugar, que creyó tener otra vida dentro de la cabina. Ya no sabía si era un sueño su existencia real, o lo era la del sueño. Pasaba más tiempo feliz que atribulado y cuando salía de aquel lugar su existencia real bajaba hasta lo más profundo del abismo.

Después de conocer aquella nueva vida, siguió viviendo alucinaciones a diario, su vida real se había convertido en sus habituales pesadillas. Ahora, eran sus sueños los que le trasportaban a la felicidad que nunca conseguirá en este lúgubre mundo, que le había tocado vivir.

Margary Gamboa.

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