EL VUELO DEL COLIBRÍ_ RELATOS

lunes, 1 de agosto de 2011

AÑORANZA



Asomada a su balcón, saboreando la fresca brisa de una tarde, reclinada en su butaca, recorre por la memoria su existencia, mientras observa como los pequeños juegan en el parque. Los gritos de los muchachos le hacen evocar pensamientos atrapados en una existencia banal. 

Ya es tarde para mí… Los años se llevaron con ellos alguna posible ocasión. Cuantos Ángeles pasaron por estas manos y ninguno se quedó. Aferrada a esos recuerdos pasa gran parte del día, inmersa en si misma, casi sin actividad. Su espíritu ya falto de energía va en decadencia sin que pueda evitarlo. Ahora casi en el ocaso de su vida, la añoranza de tantos llantos queda atrapándole la memoria, que poco a poco se desvanecen entre el silencio de su solitario aposento. 

Sus manos fueron las cómplices de que cientos de nuevas vidas y ceños quebrados lograran ver la primera luz, sin que el destino se apiadase de ella brindándole la misma oportunidad. Pura inocencia contagiosa que suplicaban caricias, a ella le confortaban, se sentía satisfecha con esa clase de vida. No pensaba en nada más, sin reparar en que algún día observaría inmersa en melancolía, su propio declive. 
Una vida de dedicación plena a una labor importante. 


Ella fue en solitario, caminando por el paso de los años, hasta que sin darse cuenta, cuando ya era demasiado tarde, volvió la vista atrás pero ya no pudo rectificar. 
Ahora es consciente de su fracaso ¡Que terrible decepción! no se percató hasta que con el tiempo, se dio de bruces con su propia realidad. A la sombra de ese forzoso aislamiento, le hace reproches al destino, que le acongoja, recriminándole su suerte, culpándolo del desamparo y de su tristeza final.

Margary Gamboa.

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